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Sobre la idea de tener un Blog en pleno 2026

Decir que la cultura del blog está muerta es ser demasiado amable. Es mucho más certero afirmar a este extremo que es menos que polvo. Si un cadáver fuera menos que tal, sería la ceniza de las cenizas que en algún punto dejó. Y ese algo indescriptible, sin duda alguna sería la "cultura" del blogging en la actualidad. 

La idea de este blog no nació hoy, ni ayer. De hecho, al abrir Blogpost para iniciar finalmente con este posible despropósito en el inmenso mar digital, había ya una entrada escrita y jamás publicada; una reseña al libro "rebelión en la granja" de George Orwell (pésima reseña por cierto, sentí tal asco que incluso la eliminé solo acabar de leerla). Y la única diferencia fundamental entre mi yo de ese momento y el actual es el desprecio total por las zonas públicas de internet.

Con esa contundente y cruel verdad en el primer párrafo alguien podría preguntar (con justa razón) "¿Y para que diantres haces uno, idiota?". Si soy completamente honesto con el lector, y conmigo mismo, hace como dos semanas no habría tenido una respuesta más allá de un "Pos nomás".

Pero más sin embargo (si se me permite la redundante redundancia) hay una razón legítima. Un atributo de los Blogs que no poseen otros sitios en la decadente (cada vez más) cultura de internet. Su más poderosa arma y, a su vez, su virtud más virtuosamente virtuosa; la personalización extrema.

En redes sociales como Facebook, Instagram o Twitter (jamás le llamaré por el nombre patito de Elon) hay una serie de normativas o limitaciones importantes. Desde la cantidad de caracteres que puedes utilizar (tolerable) hasta el uso de palabras específicas que debes evitar para no ser baneado de forma temporal o permanente (completamente intolerable). 

Incluso si uno ignora plenamente estas restricciones arbitrarias y decide aventurarse a lanzar aquello que piensa sin  tapujos, el inmenso y poderoso mazo de las masas aplastará de forma sencilla cualquier disidencia con fervor. Excesivo fervor hay que decir.

Las redes sociales citadas son "espacios públicos". Incluso con un perfil personal,  cualquier cosa dicha no deja de entrar a las vías repletas hasta el tope de contenido infinito, ahogándose entre los videos de gatitos que llaman más la atención (aunque ya ni sean reales) y discusiones del tema de moda. Donde la voz personal de algún tema de interés, si se posee suerte extrema, queda reducida a un nicho de gente interesada que, a su vez, se puede perder con total facilidad en las vías siempre desbordantes de información.

Con este panorama en mente fue que decidí empezar este blog. Me gusta hablar, me gusta comunicarme en general. Pero, en realidad, tengo poca gente con quien hacerlo (y vaya que amo a esta gente que me escucha). Pero siempre tengo más por decir de lo que digo. No porque no me comprendan o no estén dispuestos, sino que soy un acumulador compulsivo de palabras, y en alguna parte necesito escupirlas.

Creo, por eso, que los blogs, aún con su muerte, tienen algo para darme, y yo a ellos. Tengo algo que dejar aquí para quien quiera leer. Y si no hay nadie que quiera, vaya, que triste. Pero al menos, al menos, podré decir siempre que me esforcé en hablar, y no hacerlo por hacer. Sino de forma meditada, estructurada y con cariño. Esa calidez por realmente comunicar que la gente de hoy en día parece haber perdido.

Y es así, que en el auge de la imagen, en la obsesión con el video, yo, un escritor mediocre apenas entrando al mundo de la escritura en toda la amplitud de sus puertas, alza su voz. No con gritos ni altanería. Solo una persona con cosas para decir a quien quiera escuchar.

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