Recientemente me enfrenté por vez primera a un reto que no me había sucedido antes; perdí mi rutina. Me mudé a otro sitio completamente nuevo y, meditando un poco de lo que hice, me percaté de inmediato que aunque gustoso, no dejaba de sentirme algo desorientado. Hasta este punto en mi vida todo había tenido una idea y direcciones fáciles de seguir. Mis estudios eran cursar materias hasta concretar el año y conseguir título. Antes de mi boda se trató de ahorrar y por ende conseguir un trabajo que me permitiera tener algo de dinero. La iglesia estaba siempre ahí, cimentado en sus respectivos días y horarios. Pero ahora, sin casi ningún conocido, sin trabajo aún, y apenas encontrando un templo para congregarme, me he dado cuenta de lo severamente importante de los rituales. Llamados vulgarmente como simplemente rutinas. Una serie de actos que, sea por mero gusto o entera necesidad, realizamos en determinados días y horas. Y joder, que fácil es odiar la rutina a veces, lo comprendo y clar...